Durante la primera mitad del siglo XX, los escritores ecuatorianos se ven Influenciados por las corrientes modernistas. La poesía se vuelve melancólica, existencialista, frívola; los poetas son vistos como personajes excéntricos que tenían un estilo de vida bohemio, atraídos por la muerte y por la fatalidad. Raúl Andrade bautizó como la Generación decapitada a los poetas modernistas ecuatorianos, en parte debido a la fatalidad que se percibe en sus obras literarias y, en parte, por el final trágico de sus vidas: Arturo Borja muere con una sobredosis de morfina a los 20 años de edad; Ernesto Noboa y Caamaño muere a los 38 años; Humberto Fierro fallece a los 39 años; Medardo Ángel Silva supuestamente comete suicidio frente a la mujer que amaba a sus 21 años. Muchos de los poemas de esta generación fueron convertidos en pasillos.
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